La mirada a partir del silencio

Una conversación con Yolande:

 

YOLANDE: Si hay sensación de “ no paz” es porque hay identificación con la persona.

PREGUNTA: Sin haber  ningún motivo, por nada en concreto, tengo una sensación de insatisfacción…

YOLANDE: ¿Quieres decir, que aunque todo va bien, hay una insatisfacción dentro de ti?

-Sí.

YOLANDE: Esta insatisfacción es común a todos aun si en el mundo de las apariencias parece que tengamos una vida preciosa.  Yo estaba en el mismo caso que tú: no tenía lo que  que se dice “una mala vida” pero había una insatisfacción interior y uno no  sabe a qué es debido.  Pero esta insatisfacción es este mismo deseo de querer saber quiénes somos. Más avanzamos en el tiempo, en el proceso del vivir y más vemos nuestra  limitación. Así que de algún modo, todos los seres humanos son buscadores natos.  Unos lo hacen de manera personal otros lo hacen por la vía espiritual, pero es lo mismo. En lo que a mi concierne es la vida misma, la de cada instante,  el verdadero camino espiritual .

PREGUNTA: ¿Quiénes somos entonces?

YOLANDE: Esa es la gran pregunta. Y cada uno debe descubrir  la respuesta en sí mismo y por sí mismo. Yo diría que es una respuesta silenciosa, muda y que a su vez está viva y es espontánea. Y siendo espontánea puede surgir en cualquier momento. Cada instante en la vida es una oportunidad para reconocernos en lo que somos. Hay que tener confianza para aceptar esta sencillez de ser y podernos reconocer en ello.

PREGUNTA: Reconozco que vivo gratitud, fe y una cierta intuición, pero junto a ello, puedo sentir desesperación; hay como una ambivalencia.

YOLANDE: Llega un momento en que esta desesperación se suelta. Puede que ésta última sea  un regalo para que veas que toda esta agitación, todo este movimiento en la existencia, no tiene nada que ver contigo, con lo que es tu verdadera naturaleza. Hay que practicar en los  espacios de silencio de que dispongamos para ver que somos más allá de esta agitación.  Porque el hecho de ver que somos completamente independientes deja libre todo lo que es movimiento,  agitación,  conflicto.  Y el hecho de dejarlo libre, nos asienta en esta paz, en eso que somos de verdad.

Practicar esta contemplación no significa  obligatoriamente estar  sentado en silencio. Es más bien conectarla con momentos de la vida cotidiana: ante cualquier cosa que nos ocurra en el exterior hemos de tener esta fidelidad para con nosotros mismos, en silencio; no hace falta irlo gritando por la calle. Solo serse fiel, decirse: ¡vamos!

El movimiento, la manifestación, es separación. El movimiento es haber nacido y estar identificado con el “yo soy”. En este sentimiento solo hay separación. En cambio,  el reconocimiento de lo que eres de verdad, que es esta consciencia pura que está antes del nacimiento, es totalmente completa y perfecta; en este espacio no hay sentimiento de separación. Es como dar un paso atrás  y haciéndolo, cualquiera que sea el instante presente que acontezca, no hay confusión. Y no la hay porque  la única labor de esta conciencia, lo que es su naturaleza,  es la de ser presencia.

Si nos situamos desde el punto de vista del cuerpo estamos siempre en el movimiento y en la agitación. Pero si dejamos de creer que somos el cuerpo, automáticamente, estamos en nuestra verdadera naturaleza; no hay nada que tengamos que hacer. Solo hemos de ver que nos identificamos por error con el cuerpo. Pero a la vez, esta es nuestra única herramienta para poder experimentar lo que somos de verdad. Una vez que está claro que el cuerpo está en Mí, y no al contrario, entonces deja de haber confusión.

Hay que ver que el mundo (donde se incluye el cuerpo), está contenido en esta pequeñísima mota de consciencia que yo soy. Y como os dije , este “yo soy” está ligado al ser: aparece en el estado de vigilia y desaparece cuando dormimos.  Pero nuestra verdadera naturaleza es Eso que ve este movimiento sin hacer ningún esfuerzo; es Aquello que ve la aparición del ser a partir del no ser. Es como que si de hecho nos tragáramos el mundo y que no nos tuviéramos que ocupar más de él porque nos lo hemos comido.

PREGUNTA: Entonces,  ¿cómo vives la vida? porque tú tienes conciencia de ser también….

YOLANDE: La diferencia entre antes y ahora está sobretodo en el punto de vista.  Antes, mi punto de vista y lo que confirmaba mi realidad eran mis sentidos. Por lo tanto era un cuerpo, era una persona separada dentro del mundo. De pronto, en un instante, el punto de vista da un vuelco y se vuelve sobre sí mismo sin dejar rastro.  Pasé de vivir a partir de un punto de vista en el que todo era movimiento a este punto de vista absolutamente inmóvil que ve la globalidad del movimiento y con un cuerpo que se llama Yolande, etc., pero que ya no tiene ningún poder.

Cuando uno está identificado con la persona, con el cuerpo,  uno se sirve de lo que conoce para su propio bien. Mientras que cuando uno está viendo a partir de este punto de vista inmóvil, los sentidos, el mundo,  quedan al servicio de lo que uno es de verdad. A partir de ese instante de claridad acerca de lo que yo soy de verdad uno siempre ve lo  mismo aún si en el movimiento las cosas cambian.  Y ¿por qué?:  Pues  porque a partir de ese momento el punto de vista ha focalizado los sentidos totalmente en lo que yo soy, que es este punto de vista inmóvil.  Así que aunque esté  con los ojos abiertos o con los ojos cerrados siempre se ve lo mismo: se ve este poder,  este silencio que está aquí siempre. A partir de esta mirada se ve de manera completamente distinta a cuando uno está viendo a partir de los sentidos, que además son  limitados.

Antes estaba sometida a la vida, la padecía, mientras que ahora la vida se hace a si misma bajo mi mirada: Ya no es Yolande la que está construyendo su vida según le plazca porque a partir de este punto de vista uno ve que esta conciencia individual es pura ilusión. A partir de la libertad de este pensamiento, piensen lo que piensen las pequeñas conciencias individuales uno ve que la vida es una globalidad que se hace cargo de sí misma. Antes hacía y creía que yo hacía y ahora ya no hago nada, ni siquiera hago las patatas gratinadas:  Es el cuerpo de Yolande el que hace lo que siempre ha estado haciendo, como por ejemplo, cocinar. Pero de la misma manera que uno no aprende a nacer ni aprende a dormir, todo esto no se aprende, se hace solo y para ello hay que vivirlo de verdad de manera personal.  Es el hecho de verlo de verdad lo que nos ancla en esta evidencia que estamos compartiendo.

PREGUNTA: ¿Sería simplemente dejarse vivir por la vida?

YOLANDE: Yo diría que hay por lo menos un paso invisible a hacer que es el reconocimiento de esta sencillez de ser y reconocerlo en uno mismo y por uno mismo; sin esperar a que alguien te lo reconozca, porque eso no va a ocurrir. Y se trata de un gesto muy sutil, invisible, que se hace dentro de uno mismo. Y a partir de ahí empezaremos a nutrir una parte de nosotros  que es nuestra verdadera naturaleza y no estaremos nutriendo lo que no lo es. Y llega un momento en que se hace un equilibrio. Para ser lo que uno es de verdad, basta reconocerlo; no hay nada que hacer.  Y este reconocimiento en “el nada que hacer” nos permite ver que lo que creemos ser.

La naturaleza de este movimiento, de la existencia, es hacer. El reconocimiento de lo que somos se hace de manera espontánea; no requiere ningún esfuerzo..  Este reconocimiento es el que libera la idea de “ yo hago” o la idea de que “haciendo un esfuerzo voy a conseguir algo”.

 

Yolande Durán

Fotografía: Cristina Rodés